Eugenia Obligado, Inés Lagos, Andrea Alegre, Virginia

Eugenia Obligado, Inés Lagos, Andrea Alegre, Virginia Cavanagh, María Celesti, Diego Gallegos, Alejandra Cámara, María Eugenia Gutiérrez Brianza, Fernando Erhardt, Liliana Cuenca, Carola Florit, Zulma Cunha Ferré y Ricardo Fisch. Click en las fotos para ampliar

Patos a patadas en Las Barrancas, sobre el río Paraná

Salida del Buenos Aires Bird Club del Sábado 6 de julio

Que sí, que no, la nube no se iba y hasta la madrugada todos expectantes. Por fin lo esperado: noche sin lluvia, camino habilitado y la voz de “áhura”. Largamos!

Después de las presentaciones en el playón de Walmart, los tres autos partimos con buen ritmo hacia la primera parada en El Tala de San Pedro. Sin inconvenientes ni demoras enfilamos luego a la Estancia Las Barrancas en el histórico paraje de Vuelta de Obligado.

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Allí, como es costumbre, nos aguardaban los anfitriones: Elena, Carlos y Eugenia que nos dieron la bienvenida junto con la perrada habitual. Resistiendo la tentación que nos brindaba el cálido living de la casa con un espléndido fueguito, nos resguardamos del viento en la terraza que mira al Paraná y sus islas y allí nos pusimos al día con el tema patos y un rico café.

Sin pensarlo dos veces y muy bien pertrechados bajamos la barranca y nos embarcamos rumbo al primer albardón que según los últimos relevamientos de Eugenia, bióloga de la casa y experta guía, era refugio de varias bandadas de patos diversos.

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Ya de movida salieron al encuentro dos rapaces más que interesantes: un Gavilán Planeador (fase negra) y un Halcón Plomizo con su típica expresión de enojo. Garzas, Pollonas negras y Gallaretas, Caraús y Cuervillos de las dos especies pululaban por doquier. Molestamos a un magnífico Martín Pescador Grande, descubrimos un exquisito Chiflón entre unos sauces y nos entretuvimos con la compañía de un Atí que volaba cerca nuestro y unas Gaviotas Capucho Gris que abundarían ese día.

Por fin en destino desembarcamos y nos preparamos para que los patos, escondidos entre la flora acuática, hicieran algún vuelo de rutina. Un Ipacaá revoloteó cerca, y unos Pico de Plata se dejaron ver junto con una gran cantidad de Varilleros Negros y algunos Ala Amarilla. Otro ejemplar de Gavilán Planeador pasó por sobre nosotros esta vez en fase blanca y una enorme bandada de Jacanas nos dejó boquiabiertos.

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Y por supuesto los patos. De a pocos primero y de a cientos después pudimos deleitarnos con sus rítmicas idas y venidas por los aires. Los coloridos Cutirí con su increíble espejo alar verde esmeralda, algunos Maiceros y Capuchinos y las enormes bandadas de Picazos no cesaron de hacer sus apariciones durante todo el día. Cada pasada nos permitía ir agudizando nuestras destrezas para reconocerlos. Pusimos la mira en unos ejemplares de Patos de Collar con nuestro inefable telescopio y sumamos a la lista algún Barcino que pasó por el lugar.

El viento subía en intensidad así como bajaba la temperatura por lo que decidimos embarcar a nuestro segundo punto de avistaje. Cambiamos de hábitat y bajamos en un albardón con pastizales y espinillos. Pudimos ver algunas amigables Tacuaritas, Carpinteros Campestres y Reales y una exquisita Calandria Real junto a un fugaz Cortarramas hembra.

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En este punto el frío potenciado por el lógico cansancio y, por qué no admitirlo, algo de apetito nos decidió a emprender rumbo hacia el embarcadero.

Allí, a resguardo del viento y luego de los preparativos, nos reconfortamos con un almuerzo más que bienvenido y ameno. La combinación de la charla, el vinito y algo caliente nos dió la energía para que luego de un largo receso pudiéramos subir nuevamente a la lancha con el entusiasmo incólume.

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Enfilamos para el Juárez donde nos esperaban nuevas sorpresas. Una pareja de Chajáes voló muy cerca nuestro. Nos debatimos largo rato tratando de distinguir entre un Atí y un Gaviotín mientras seguíamos sumando ejemplares a la lista. Sorprendimos a lo lejos una gran cantidad de Coscorobas, Teros Reales que decidimos rebautizar como Avocetas y los patos que seguían siendo el plato fuerte del día. Ya volviendo y sin haber podido elegir el Bird of the Day pudimos hacer casi cartón lleno cuando unos Patos Cuchara pasaron volando raudos con rumbo Norte.

Subimos más que rápido la empinada barranca y ahora sí al calor del hogar hicimos el check-list con la sensación de haber cumplido con creces el objetivo.

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Esta vez la estrella del día no fue un pájaro, fueron las enormes bandadas. No uno, sino miles de patos que  nos mostraron que cerca de la ciudad todavía hay lugares donde la naturaleza sigue vivita y coleando como el entusiasmo de nuestros amigos birders.

Gracias a los anfitriones; bienvenida a los nuevos amigos que se sumaron en esta salida y a todos: hasta la próxima!

María & Diego